Los órganos de Administración, dirección y control de las cooperativas, también denominados órganos centrales (Consejo de Administración, Consejo de Vigilancia y Comité de Crédito) están obligados a dirigir sus entidades por senderos de desarrollo y bienestar en un perfecto clima de armonía interna y en paz con todos los miembros.

Con una dirección correcta y madura, las cooperativas avanzan y prosperan simultáneamente en sus dos dimensiones: social y económica; así resultarán beneficiados los socios de las empresas cooperativas, la comunidad y el movimiento cooperativo.

La doctrina cooperativista adopta conceptos propios de principios y valores éticos y morales que proporcionan la base como regulador para el diseño e integración entre los órganos e individuos y el funcionamiento coordinado de cada uno.

Un buen gobierno cooperativo aclara y reglamenta las relaciones entre los órganos, define cada entidad interna y sus funciones, lo cual garantiza una mejor planificación y manejo más eficiente de los presupuestos, logrando un nivel de armonía que incide grandemente en el éxito corporativo e impacta positivamente el logro de los objetivos institucionales y estratégicos de las cooperativas.

De eso se trata la conquista de la gobernación cooperativa.